las-cadenas-de-la-infamia“Yo les decía: No tengo el seguro de la granada.Y ellos me respondían: Bótela para abajo”. Yo estaba medio aturdido. Entonces, lancé la granada hacia abajo. Me boté al piso y me agarraron. Estaba esperando el tiro de gracia y mientras tanto rasguñaba la tierra con las manos. Era una señal de impotencia y rabia. No hubo tiro de gracia, pero los guerrilleros me hicieron quitar el chaleco, me amarraron las manos por la espalda con una cuerda de nailon de color verde y me requisaron. Al rato, me internaron en la montaña y me encontré con los otros cinco soldados que también fueron secuestrados ese día por las farc.”

Las cadenas de la infamia, el libro del ex secuestrado Capitán Malagón, no es un libro con opiniones políticas, tiene algunas reflexiones sobre la libertad, la religión y la sexualidad durante el secuestro. Narra, en cinco capítulos diferentes, los dos intentos de fuga, el combate en el que cae y al final el día de la Operación Jaque.

“No hay cosa que más lo endurezca a uno, que ser tratado con rudeza. Yo no estoy acostumbrado a eso. “¡Hágale a ver! ¡Ráyele!”, me gritaban permanentemente los de las farc cuando querían que me moviera, que caminara, que terminara algo o que dejara de hacer lo que a ellos no les gustaba. Yo obedecía, pero a regañadientes, para que se dieran cuenta de que tenían que mejorar el trato. Cuando me botaban la comida, yo les botaba el plato. Nos cruzábamos miradas de odio. Lo reitero: si conocí el odio, fue allá, en la selva, donde –me da tristeza decirlo– también hay odio entre los secuestrados”.

“Mucho después, cuando estábamos enjaulados entre alambradas, un niño que no pasaba de los doce años de edad era quien nos llevaba la comida. Un día, como uno de los platos estaba incompleto, el muchacho gritó: “¡Falta un patacón para un chulo!”. “Chulo” era la forma como los guerrilleros se referían a los militares y policías secuestrados. A mí me marcó mucho la mirada de odio de ese niño y pensé que él era un hijo legítimo de la violencia”.

El día de la Operación Jaque “el supuesto reportero habló brevemente con Keith Stansell, uno de los norteamericanos, quien rápidamente se apartó para seguir su camino hacia la aeronave. En cambio, yo tenía muchas cosas que decir y estaba que me hablaba. Por eso, sin pedirle permiso a nadie, cuando estábamos caminando hacia el helicóptero busqué al periodista y le hablé sin preámbulos. “Excúseme. Tengo solamente una cosa que decir: ¡He estado encadenado durante diez años! Soy el teniente Malagón, del glorioso Ejército Nacional de Colombia, secuestrado por múltiples factores”. En ese momento mi voz se quebró. El periodista me cortó y se limitó a decirle a la cámara: “Palabras del teniente Malagón. No podemos transmitirlas en directo, no podemos transmitirlas, pero sabemos del sufrimiento”. Y yo le repliqué a lo lejos: “Se deben transmitir, porque tengo algo muy importante que exponer”. “¡El tiempo apremia!”, gritó entonces el jefe de la comisión humanitaria, tratando de apurar al grupo para que subiera al helicóptero”.

“El día de la Operación Jaque se rompieron para mí las cadenas de la infamia. Existen otras cadenas como la pobreza y la desigualdad que soportan otros colombianos, estas también son pesadas y anhelo que algún día se rompan para ellos.”

Sobre el autor

Raimundo Malagón Castellanos, nació en 1972 en Moniquirá, Boyacá. En 1994 ingresó a la Escuela Militar José María Córdova y obtuvo el grado de subteniente dos años después. Fue asignado a la base de Tolemaida, en Melgar, donde realizó cursos especializados en combate contraguerrilla. Al término de estos fue trasladado al Batallón de Infantería No. 10 “Patriotas”, con sede en Honda. En 1998 fue asignado al Batallón de Infantería No. 21 “Pantano de Vargas”, en el departamento del Meta. El 4 de agosto de ese año fue secuestrado por las FARC junto a cinco soldados que estaban bajo su mando, luego de un cruento combate. Volvió a la libertad el 2 de julio de 2008 y se reincorporó a las filas del Ejército para seguir su carrera como oficial.