“Sostenibilidad es tener responsabilidad por el futuro” ha sido desde siempre uno de los lemas que Faber-Castell se ha propuesto seguir. Desde 1926 la empresa comenzó a involucrar en sus procesos medidas tendientes a disminuir el impacto en el medio ambiente tales como tempranas formas de reciclaje, el uso de pinturas a base de agua para reducir la cantidad de residuos solventes orgánicos al mínimo, la plantación de bosques como fuente sostenible para la producción de lápices, y la creación de un programa ambiental para proteger la flora y la fauna.
Dichos esfuerzos evolucionaron en 2004 hacia la construcción de una “Política Integrada de Producto” donde todo el ciclo de productividad de la compañía está sujeto a un análisis crítico buscando así reducir al mínimo el consumo de energía y proteger el medio ambiente a largo plazo, la cual comienza desde la elección de todas las materias primas y procesos de producción, empaque, y transporte, hasta el desecho final del producto.
Esta conciencia medio ambiental que ha caracterizado la filosofía y el proceder de Faber-Castell, fue la que hace más de dos décadas llevó al más grande fabricante de lápices del mundo a desarrollar su propio programa de abastecimiento de madera en el Sudeste de Brasil, que consiste en plantar árboles de pino (Pinus Caribea) en la precaria tierra arenosa de la sabana brasilera cerca a la ciudad de Prata a más de 2.500 kilómetros de la selva amazónica. Con el tiempo, esta plantación ha llegado a extenderse por más de 10.000 hectáreas, las cuales, siguiendo el concepto, de sostenibilidad son reforestadas regularmente. De esta manera, Faber-Castell cultiva 20 metros cúbicos de madera cada hora, más de la que se requiere para abastecer la producción de lápices de grafito y de colorear en Brasil.
En 1999 el Concejo de Protección de Bosques (FSC) premió el manejo forestal en Prata siendo certificado como “desarrollo compatible, socialmente equitativo y floresta económicamente sostenible”.
Otros proyectos medioambientales impulsados por la compañía son Arboris (protección de la flora) y Animalis (protección de la fauna) con los que Faber-Castell ha contribuido activamente a la diversidad de las especies y a la protección del medio ambiente por muchos años. Así mismo mediante la creación del programa Ecommunity, se incentiva el cuidado del medio ambiente entre sus empleados.
En Alemania, Faber-Castell produce más de cien millones de lápices de madera en Stein cerca de Nuremberg. Eso genera grande cantidades de viruta y aserrín que, mediante un programa iniciado hace ya más de dos años, se comprimen para su utilización como combustible, reemplazando el carbón con el que antiguamente se alimentaban las calderas; cumpliendo así con las reglamentaciones de aire limpio. De esta manera, Faber-Castell logra cubrir casi un cuarto de sus requerimientos de calefacción.
Además de la necesidad de calefacción de los ambientes y de contar con agua caliente en los edificios, los procesos individuales de producción tales como el secado de los lápices -una vez que han sido barnizados- también requieren energía. Además las calderas mantienen caliente el castillo Faber-Castell, cercano a los edificios de la planta (muchos de los cuales se remontan a 1926). Mediante este proceso sumado al trabajo de una turbina de agua ubicada en el lindero Río Rednitz que genera electricidad, la empresa logra cubrir una porción significativa de sus requerimientos de energía a partir de fuentes sustentables amigables al medio ambiente.
Gracias a estos esfuerzos por hacer cumplir al pie de la letra las políticas medioambientales de la compañía y por mantenerse alineado a la filosofía de producción auto sostenible, a fines del año pasado el Conde Anton Wolfgang von Faber-Castell fue distinguido como el Gerente Ecológico del Año (Eco-manager of the Year por el WWF y por la revista de negocios Capital).











